ūüéß Emisi√≥n Radial - 25/11/2018

LA LEYENDA DEL DOMADOR DOMADO

Cuando el afamado circo se instal√≥ en la provincia de Buenos Aires, los animales de la zona comenzaron a desaparecer en forma misteriosa; un argumento que bien podr√≠a ser refutado debido a la existencia de un felino atigrado y de nombre Greg, que maullaba y ronroneaba con cara de gato, cola de gato y patas de gato, y que era en definitiva un gato. Su due√Īa, una peque√Īa acr√≥bata de renombre, lo hab√≠a tra√≠do a escondidas desde Europa del Este para que le diera suerte durante el show.
—“Tu eres” “muy bien” —le dec√≠a en un castellano tirado de los pelos, d√°ndole una afectuosa palmada que hac√≠a estremecer las orejas del animal.
—¿Qu√© est√°s haciendo?
—¿Qu√© estoy haciendo? —devolvi√≥ la pregunta en la misma lengua de origen eslavo. Su hermana mayor le arqueaba las cejas.
—Mejor que no te vea pap√°.
—No me importa. Ya no le tengo miedo. ¿No es as√≠, Greg?
—Bueno... Despu√©s no me digas que no te avis√©. La joven, quien le llevaba unos cinco a√Īos de edad, se retir√≥ a paso ligero para hacer su entrada triunfal, lanz√°ndose unos pocos segundos despu√©s desde un elevado trapecio.

Al mismo tiempo, su padre —exc√©ntrico educador de fieras— acariciaba con un palo los costales de un cachorro de le√≥n que no entend√≠a la torpe gracia de levantar una pata. ¿Qui√©n se podr√≠a re√≠r con eso?
El domador —con el rostro de Churchill y el bigote de Guillermo II— no se caracterizaba especialmente por ser una mala persona; era apenas un ser despreciable. Sin ir m√°s lejos ten√≠a su propio criadero en uno de los montes de su tierra natal, con ocho leones que alimentaba por d√≠a a base de ciervos, cabras, gamuzas y una variedad de galliformes.

Hab√≠a adquirido su primer le√≥n en una ganga, condon√°ndole una deuda al parque Zool√≥gico que diez a√Īos atr√°s hab√≠a requerido sus servicios de maestranza. Finalmente durante la estaci√≥n de cosechas —y luego de un largo viaje— el simp√°tico bigot√≥n se paseaba en su trailer por las calles de tierra, con tres de sus mejores artistas rugiendo enjaulados para el deleite de los transe√ļntes; algo que le encantaba al poderoso Yuri, quien se deb√≠a a su p√ļblico y azotaba a las fieras al grito de “Niat”.
Sin embargo aquella noche cuando la funci√≥n hab√≠a llegado a su fin, el domador le dobl√≥ la cara a un perro escu√°lido que se hab√≠a acercado en busca de provisiones. Nadie estaba all√≠ para observar el accionar del poderoso Yuri, aunque a decir verdad con eso tampoco hubiera alcanzado. Entonces el gato —un verdadero y enigm√°tico dios de ojos y sabidur√≠a hipn√≥tica—, desenganch√≥ con su cola un pasador que reposaba sobre la jaula de un le√≥n asi√°tico. Y no querr√≠an saber lo que ocurri√≥ despu√©s, cuando el domador fue derribado de un zarpazo sincero, rogando piedad como un abusador cobarde y asesino al que le llega su hora.

El hombre es una cosa extra√Īa; nacer, no pide. ¿Vivir? No sabe. Y morir, no quiere.

@ErnestoFucile
Publicado en el libro "Crónicas de la Lluvia"

► Leer m√°s relatos de Ernesto Fucile.


 

Refresque la p√°gina o presione F5 sino puede visualizar el contenido.

© 2009 - 2018 | Todos los Derechos reservados.